Europa tiene que solucionar ahora el desastre provocado por el Gobierno español en Ceuta

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Europa debe afrontar el fracaso del liderazgo en Madrid y hacer todo lo posible para evitar que la crisis empeore.

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Alberto Núñez Feijóo es el líder de la oposición en España y presidente del Partido Popular.

El pasado 30 de julio al menos 80.000 personas cruzaron a Ceuta desde Marruecos, la mayor violación de la integridad territorial que hemos vivido en las últimas décadas. Aquel desafío puso a prueba la frontera sur de España y, por tanto, la frontera sur de Europa. Continúa 50 días después. Y es imposible atisbar un horizonte cierto en que pueda resolverse. En consecuencia, es hora de preguntarnos si la respuesta está a la altura de lo que tenemos en juego.

Una frontera no es solo una línea sobre un mapa. Es la expresión de una comunidad política que decide qué valores protege y qué responsabilidades comparte. Cuando una frontera europea es violada, toda Europa es más débil. Cuando una frontera no se defiende adecuadamente, toda Europa se desprotege. Es lo que está ocurriendo.

La reacción del actual Gobierno español, incapaz de asumir el verdadero diagnóstico y aplicar el correcto tratamiento, me obliga a reiterar antes de nada la evidencia, tal y como ya hizo la semana pasada el presidente de Ceuta en su visita a Bruselas. No asistimos a una crisis migratoria al uso, sino a las consecuencias de una invasión procedente de Marruecos, que por ello debe hacerse responsable de haberla consentido o instigado.

En Ceuta se ha esfumado la normalidad desde hace más de seis semanas, y las escenas de caos, masificación e inseguridad deben avergonzarnos e interpelarnos. Pensar que la prolongación en el tiempo de esta situación no tendrá consecuencias es un error que no podemos permitirnos: afecta a nuestra soberanía, a nuestra capacidad colectiva para defender el Estado de Derecho, a la seguridad de los ciudadanos y a la credibilidad del proyecto europeo para garantizar su propia estabilidad.

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Sin duda, las autoridades estatales son las primeras que tienen que asumir el compromiso de resolver esta crisis bajo un principio irrenunciable, compartido por todos los miembros de la Unión Europea en el Pacto de Migración y Asilo: aquellos que han entrado irregularmente deben retornar. Todos. La obligación del Gobierno de España no es buscarles acomodo, sino agilizar su salida.

Dicho esto, a tenor del tiempo transcurrido y del agravamiento de los episodios de violencia en Ceuta, el conjunto de Europa debe reconocer el fracaso del Gobierno de España y ejercer la presión adecuada para que esta crisis no se enquiste, no se extienda y no se repita. Del mismo modo que ha sabido responder cuando se ha visto afectada por otras amenazas híbridas (como la energía, el comercio o la información), el ataque a nuestra frontera sur exige ahora la misma determinación.

En primer lugar, la Unión Europea debe tener interés en que España aplique, con la intensidad y agilidad debidas, todos los instrumentos europeos que permitirían el retorno. En segundo lugar, debe dilucidar por qué el propio Reino de Marruecos ha reiterado en comunicado oficial su disposición a recibir a todas las personas que accedieron el 30 de julio, mientras que hay ministros españoles sosteniendo que no existe dicha colaboración.  

Y, en tercer lugar, debe aprovechar todos sus recursos diplomáticos para garantizar que la relación con Marruecos, socio estratégico para España y para el resto de Europa, siga desarrollándose sobre la base de la transparencia y el respeto mutuo. Del mismo que defiendo la necesidad de establecer una relación leal y estable con nuestro país vecino, creo que es de interés para toda la Unión Europea defender que no se vea debilitada por la instrumentalización de flujos migratorios o por el cuestionamiento de la españolidad de Ceuta y Melilla, territorios tan europeos como Berlín, París o Bruselas

Por último, deseo subrayar que la humanidad no puede utilizarse como excusa para la inacción tras lo ocurrido. Es cierto que el ataque sufrido en Ceuta no ocurrió con soldados, que muchas de las personas que superaron la frontera sur europea fueron víctimas y que, de hecho, más de un centenar murieron. Pero al contrario de lo que cínicamente a veces algunos proclaman, es precisamente la humanidad lo que nos obliga a disuadir a las personas de jugarse la vida en el mar: esa tiene que dejar de ser una forma válida para llegar a Europa.

Como saben, aspiro a ser el próximo presidente del Gobierno de España. En consecuencia, pedir el apoyo de la Unión Europa y de todos sus Estados miembro para mi Nación en este momento clave es mi deber. La primera obligación de un gobernante es garantizar la seguridad de sus ciudadanos, la defensa de su soberanía y la credibilidad de sus instituciones. Pero también responde a un compromiso con una forma de entender Europa, que asumo en primera persona con todos los aliados: la responsabilidad de velar por su integridad territorial y sus valores es compartida. Ahora, nos toca defender Ceuta, España, Europa.

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